El Regreso del Waffenträger: Epílogo

El monóculo no quedó bien acomodado. Von Krieger lo dejó a un lado y tomó del escritorio de su secretaria las viejas gafas que usó hace años cuando defendía su tesis. Su vista empeoró un poco desde entonces, pero las gafas le servirían para revisar los documentos que había frente al ingeniero.

"¡Qué osadía!", dijo finalmente von Krieger enojado antes de tomar una hoja de entre la pila de papeles. "Mira nada más lo que dicen. Al menos podrían haber puesto mi nombre completo. ¿Es un documento personal u otra cosa? 'Max von Krieger, conocido anteriormente como Hoffman'. ¿Qué soy para ellos? ¿Un asistente de laboratorio fugitivo o qué? Mi nombre es Maximilian Leonard von Krieger-Witthoffen, Baron zu Ledensburg. Podrían haberlo aprendido, luego de todos los años que trabajé para la Alianza. Me deben mucho, pero supongo que pretender que los Harriers memoricen tantas palabras es mucho pedir".

Von Krieger tomó un lápiz que tenía apoyado en la oreja y lo usó para seguir esa línea, mientras susurraba lo que leía. Con los ojos, entrenados para leer constantemente, absorbió toda la información importante, pero el hábito de su época universitaria de seguir una línea con un lápiz lo acompañó todos estos años.

"'Nació en 1900'. Correcto. 'Universidad Técnica de Múnich'. Bastante cerca. Pero podrían haber mencionado al Departamento de Ingeniería Mecánica. ¿Qué tenemos aquí? Un título universitario, publicaciones en revistas, patentes… No está mal. Lograron encontrar casi todo. Vuelvo a comprobar que, para ellos, lo profesional es mucho más importante que la vida personal. 'Max von Krieger'. ¡Parece el nombre de un lechero rural! Mira esto otro que dicen aquí: 'Inspirado por el trabajo de Nikola Tesla y los desarrollos de Thomas Edison'. ¡Inspirado! Por supuesto que conozco lo que hicieron, pero mis inventos principales son únicos y originales. El hecho de que me haya amigado mucho con la electricidad no significa que 'Tesla me haya inspirado'. También podría haberme inspirado con 'Zeus o Thor".

El ingeniero bebió un sorbo del café que Ermelinda había preparado a la mañana. Ya estaba frío, claro. No sería capaz de trabajar, pensar con claridad y concentrarse sin café. Este es, quizás, su único mal hábito.

"¡Aquí está el párrafo que habla sobre mi relación con la Alianza!", exclamó triunfante von Krieger. "Es hora de averiguar qué clase de barbaridades dicen sobre mí a sus mercenarios. Veamos… 'Hizo caso omiso a la prohibición para la construcción de un vehículo de combate que pesara más de 80 toneladas'. ¡Por supuesto! ¿En qué clase de plataforma pretendían que monte al Gungnir? ¿Opel Blitz? O quizás en alguna clase de tractor del ejército que tuvieran por ahí… 'Saboteó el desarrollo de dicho proyecto y destruyó la mayoría de los documentos técnicos'". Luego de leer eso, el ingeniero soltó una carcajada y lanzó la hoja de papel sobre el escritorio.

"¿Oyes lo que dicen? ¡Destruyó! No me sorprende que hayan decidido no contarles toda la verdad a sus guardianes. De otro modo, quedarían mal parados ante sus mercenarios. No destruí nada. Hice copias de todos los documentos que me interesaban y realicé algunos cambios en los originales que, a simple vista, parecían insignificantes y completamente invisibles a ojos inexpertos. Aquí, en esta fórmula, cambié 10 por 0,1. Allí cambié unas cosas en el diagrama de circuitos. Y en alguna otra parte modifiqué los planos. Durante dos años, ¡intentaron construir un mecanismo que estaba diseñado para ser inoperante! Les tomó dos años comprender que estaban siguiendo una pista equivocada. Y trabajé duro. Con esa ventaja, me resultó sencillo compensar todo el caos que causó la Alianza cuando tomó el laboratorio y todos los talleres. Construí por completo todo este centro industrial, ¡que ahora está a punto de comenzar a ensamblarse y a modernizarse a sí mismo! Creé… Creamos una barrera indestructible con la que los novatos de la Alianza solo pueden soñar. Hiciste un gran trabajo. Te agradezco por este expediente. Me hiciste el mejor regalo; estos documentos confirman que mis oponentes están indefensos. Mira esto: 'Nunca se casó ni tampoco tiene hijos'. ¿Para qué necesitan esto los Harriers? No solo es inútil, sino que también es una vulgar mentira. Si tu madre supiera que mis antiguos jefes se refieren a mí como un solterón".

Von Krieger bebió otro poco de café y miró fijamente a Ermelinda.

"¿Sabes por qué aún no han logrado encontrarnos? No tienen idea de que, fuera de ese mundo de burocracia y de dominio corporativo, existe este otro mundo en donde tú y yo estamos ahora. Jamás se les ocurriría que, no solo logré atravesar el subespacio (algo que una mente como la suya considera 'teleportación'), sino que también puedo permanecer allí tanto como lo desee. Desde luego, traje conmigo todos mis desarrollos y mi laboratorio, y monté una base aquí. Ellos nos siguen buscando en la superficie, ¿entiendes? Pero no saben cómo llegar hasta aquí. Los dos enfrentamientos que tuvimos hasta ahora solo sucedieron porque yo así lo quise. Yo los necesitaba, no ellos. Necesitaba una zona en donde poner a prueba y perfeccionar mi trabajo, y ellos enviaron a los Harriers. Tú necesitabas ajustar los Centinelas en una batalla, y ellos enviaron a los Harriers. La Alianza, sin sospecharlo, aún me ayuda en mis investigaciones. ¡Incluso ayuda al progreso técnico de todo el mundo! Representado por mí. ¡Los engañamos otra vez! La segunda vez, nos ocultamos en las sombras. Aquí, de nuevo en el subespacio, donde continuaremos nuestro trabajo tanto como sea necesario. ¿Debería enviarles una paloma con una nota de agradecimiento? La experiencia que obtuvimos ya es más que suficiente para trabajar en varias cuestiones técnicas interesantes. Es una lástima que debamos irnos de nuestro impenetrable Asgard para reabastecernos… Aquí se puede construir todo un imperio de tecnócratas. El mundo perfecto con el que soñé cuando todavía era estudiante…".

Von Krieger se quedó en silencio y guardó las hojas de su propio expediente en el escritorio de la secretaria.

"¿Sabes cuál es su principal problema? Piensan que soy el enemigo de la humanidad. Casi todos piensan eso". El ingeniero tomó la carta de Villanelle que estaba apartada en su escritorio y la guardó cuidadosamente en una carpeta con notas personales y documentos importantes. "Pero toda mi agresión es para con ellos. Y solo hago lo que hago porque me traicionaron y me arrebataron la oportunidad de trabajar por el bien de la humanidad. No sé si volveremos a enfrentarlos. Pero confía en mí, hija. Estaremos listos. Algún día, el Blitztrager será historia. Algún día, nuestras fotografías aparecerán en los libros, y yo volveré a la Universidad Técnica de Múnich, al menos en esta forma. Pero, por ahora… Pon a calentar la tetera. Es hora de volver al trabajo".

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